Crónicas del barrio, la ciudad y el mundo

Crónicas del barrio, la ciudad y el mundo
Casuales casualidades, me llevaron a nacer... en Montevideo
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viernes, 4 de diciembre de 2015

Casi vuelan el puente del arroyo Valizas

La frase del viernes decreta la  bajada del año.  

Empezamos a planificar con quien vamos a pasar la nochebuena y fin de año. ¿Y las vacaciones?
 

Para entrar en calor, he aquí una vieja historia de la guerra fría, que abarcó todo el planeta y que también llegó hasta un verano al puente del arroyo Valizas sobre ruta 10.

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El Chelo y la Chile se casaron en 1961. Estudiantes y militantes universitarios, en el apogeo de la patria grande latinoamericana y la revolución cubana, se fueron de luna de miel en una motoneta Heinkel a recorrer toda la costa uruguaya con una carpa. Descubrieron  gentes, formas de vida y territorios indómitos por esa época.

Se encontraron con una Punta Ballena pelada, habitada por pescadores que les dierom alimento y agua. Acamparon varios días, se enamoraron de sus atardeceres y se prometieron volver.

Siguieron camino, pasaron por José Ignacio y por La Paloma, quisieron ir más allá. En un destacamento policial preguntaron como hacer para llegar a un lugar que habían sentido nombrar a Jorge Chebataroff en sus clases de geografía: el misterioso Cabo Polonio. Los agentes les dijeron que derechito-derechito por la ruta 10 llegaban y que iban a llamar por teléfono al destacamento del arroyo Valizas para que los recibieran.

Luego de 60 kms de chupar tierra con la Heinkel, llegan a una casita con la bandera uruguaya: el destacamento policial de Valizas sobre la ruta, antes de llegar al puente. En la puerta los policías los recibían en posición de firmes y haciendo la venia. Parece que en la Paloma habían caído simpáticos y les quisieron dar una mano: avisaron a Valizas diciendo que llegaría una pareja de jóvenes que venían recomendados de la jefatura de Montevideo...

El puchero estaba pronto, a comer. .

Al otro día llegaron al Cabo Polonio, donde los recibió el farero, un tal Faraldo que con su apellido hacía honor a su profesión. Cómo no podía ser de otra manera, salió una vaquita entre todos y cocinaron un buen chupín de pescado.

De vuelta a la ruta 10, uno de los policías les confiesa que era del Chuy y que lo habían trasladado a Valizas "en penitencia" por haber descubierto un contrabando grande que parece que no había que descubrir. Su nueva misión era cuidar el puente del arroyo Valizas de un posible atentado de los "cumunistas".

La guerra fría estaba instalada hacía tiempo y llegaba a todos los rincones del planeta, incluido el Rincón de los Olivera y los Fondos de Valizas. Guerra fría que en remotos lugares del Uruguay todavía no había perdido la humanidad y que permitió a connotados militantes estudiantiles y políticos de izquierda, pernoctar en el destacamento que cuidaba el territorio de una segura invasión roja, con voladuras de puentes incluidas.

Han pasado más de 50 años desde aquel momento. Los "cumunistas" -como se les llamaba en Valizas a todos los zurdos- llegaron al gobierno nacional y al departamental.

El puente sigue en su lugar. Se ve que el milico hizo bien su trabajo.

Las lanchitas que te llevan al bosque de ombúes parten desde allí y de ahí salen los camiones cargados de camarones de la Laguna de Castillos en otoño.

El cuidador sigue cumpliendo su función. Ya jubilado, camuflado de pescador y tirando una línea al arroyo, hace guardia arriba del puente, saludando cortesmente a los que pasan.
Si lo ven, saludenló.

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Para musicalizar la crónica, van dos temas bien valiceros:

Canción del Camaronero
Letra: Humberto Ochoa, el poeta de Aguas Dulces, 
Música: Pindingo Pereyra de Castillos


Puchito Apagao, un tangazo de El Melo de Valizas..
Acompañan las guitarras del Cuarteto Ricacosa.
Filmado en el boliche del Yiye y con el Yiye, frente a la plaza Leopoldina Rosa.

Tabaré no voló el puente pero mandó apagar el pucho...




jueves, 1 de enero de 2015

Trabajo, salud y felicidad

De vacaciones en la playa, luego de una paliza laboral importante de fin de año, volvemos a conectarnos con la frase del viernes. Estamos bien, terminamos bien, cumplimos con nuestros deberes y empezamos mejor. Ahora nos vuelve a sobrar un poquito de energía para publicar alguna que cosita, un simple saludo.

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En un país de ocupación casi plena, donde todo el mundo que sabe hacer algo esta trabajando, parece muy poco desearle a todos trabajo para el 2015. Es que en el trabajo está la base de todo, Que puedan ganarse el pan en buena ley y servir a la sociedad.

La salud uno la puede trabajar a diario, pero a veces se complica, así que viene bien desearla para todos.

La felicidad, en mayor medida depende de lo que uno haga y el esfuerzo por encontrar el camino y alcanzarla.

El primerio de año nos llevó a saludar a parientes y amigos. Daniel Mahoma Wenzel es un ilustre vecino de Valizas, capitán de la selección uruguaya de basquetbol y Trouville durante muchos años que a los sesenta y pico sigue batallando en las canchas con los veteranos del deporte.

El encuentro con él siempre nos depara ricas historias y una conversación alegre e inteligente. Como todos los años, lo encontramos con su reposera en la playa, rojo como un camarón, con su larga barba blanca, leyendo una novela o charlando con los amigos. En este año 2015 lo vemos en línea, habiendo bajado muchísimo peso.

-        .. Bajaste un montón de kilos, casi no te conozco. ¿Jugás este año?
-        . Esa es la idea. Hice fisioterapia, camino todos los días, bajé un montón de kilos. Voy a hacer mi último intento.

La rodilla, las hernias de columna y las más de seis décadas traqueteando sus 2 metros por las canchas de tosca, bituminoso y parquéts duros se hacen sentir. Sigue luchando por volver a encontrarse con sus amigos en torno a la pelota naranja. Los médicos le dicen que con su edad no le conviene seguir jugando.
-        . Así cualquiera es médico – caliente agita sus manos-,  me dicen ue no juegue más y ya está. Hasta yo puedo  ser médico así.

Esta frase es muy conocida entre los veteranos que seguimos haciendo deporte: “a usted no le conviene”. Y así vamos cambiando de médico hasta encontrar alguno que nos de la esperanza: “cuidese, estire, entre en calor, haga fisioterapia y pruebe, tiene mucha vida por delante, no la desperdicie”.

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Así que les deseo trabajo y salud para todos los amigos que siguen dando la batalla por mover el esqueleto, y un poco de sabiduría para encontrar el justo equilibrio  entre ambos. 

Para completar la oración, un poco de sensibilidad, que permita intuir el camino y ayude a sentir a esa misteriosa dama, la felicidad, que cada tanto  nos acaricia la piel con su varita mágica, 


jueves, 23 de enero de 2014

Crepúsculo y luna llena


Crepúsculo de Juan M. Blanes
Los patos eran los reyes de la laguna de Valizas. El
"mostro" dormía en calma, aunque siempre era desafiado por alguno que a la pasada se apoyaba en el alambrado y orinaba, sin saber el riesgo que corría: el "mostro" había dejado eunucos a varios que le habían faltado el respeto.
Entre mate y mate, los jóvenes divagaban sobre el mostro, el presente, el futuro, el sol, la luna y se sumaba el condimento infaltable que hacía levantar la voz y exagerar los gestos: alguna candidata recién conocida que pudiera desatar el amor que tenían contenido.

Mientras, el sol se iba apagando lentamente detrás de la laguna. Adentro del rancho, sobre la estufa, reinaba una postal del cuadro Crepúsculo de Blanes, con una paleta de colores indudablemente sacada del cielo de Valizas: rosados, rojos, naranjas, celestes y grises.

Alberto nunca más pudo volver a ver aquello que llamaban "la tele". Eran largas sesiones de 2 o 3 horas de mate y charla con los amigos, mirando el atardecer frente a la laguna, en aquel humilde rancho alquilado con los compañeros de facultad. Lo habían bautizado "El mostro da Lagoa". Por la calle de la Laguna no pasaba nadie, todavía era de pasto y los pocos autos que se animaban tenían que ir despacio, salteando las zanjas que había hecho el desacatado hijo de un vecino. 

Corría el año 1990, juntos soñaban con levantar un rancho colectivo. "Rancho con mirador", dijo uno, para poder replicar aquellas interminables puestas de sol que iban acariciando la piel, cada vez más suavecito hasta que aparecía la luna a refrescar con su luz helada las cálidas noches de enero.

Pasaron los años y cada uno siguió su camino. Alberto consigió un rancho y con su novel familia empezó a arreglarlo; hizo el entrepiso, puso aleros y apenas pudo levantó el mirador. Desde allí se veía todo, las dunas, el poblado y toda la costa que se alcanzaba con solo estirar la mano.

Los viejos amigos le regalaron la postal original del crepúsculo del Mostro da Lagoa, que uno se había afanado y conservado con cariño. Pasaron los años y el Beto siguió buscando aquellos atardeceres de la juventud,  donde había tiempo para todo, y donde dominaban el tiempo. Varias fueron las tardes en que las que esperó ese atardecer pero siempre le faltaba algo, que pocas nubes, que muchas, que no había buenos colores, que el tiempo escaseaba, que había que ir a cocinar para la tropa. Es cierto que había disfrutado de algunas muy buenas, pero nunca como aquellas interminables de la juventud.

Y así pasaron los años y nuevamente terminaba unas nuevas vacaciones, Alberto solo tenía dos noches más de licencia, las dos con luna llena. En esas noches el sol se oculta por el campo y al mismo tiempo sale la luna redonda y naranja desde el mar. Planificó todo muy bien, hasta que un pequeño incidente vino a arruinar sus planes, la hija más chica andaba con vómitos desde la mañana. Así que la familia tuvo que bajar las revoluciones y dedicarse a acompañar a la pequeña.

Al atardecer los vómitos se cortaron. "Cómo estás, ¿bien?" preguntó el papá. "Bien, mejor" respondió la niña. Ese fue todo el diálogo, cuidando la energía, se quedaron quietitos en el mirador, sin moverse, para no despertar al malestar. Abrieron sus poros al sol y así pasó una hora, dos horas. Solo se miraban, se hacían señas y sonrisas. El sol se fue yendo, giraron las cabezas hacia el otro lado, jugando en silencio a hacerle la pica a la gordita que asomaba el jopo sobre el mar.

Los sonidos se apagaron, los pájaros dejaron de cantar, el viento se calmó y el mar se sintió como un arrullo. Las chicharras empezaron a chicharrear para que salga la luna. Alberto le contó la historia del Mostro a su hija, de sus años mozos y de las entrañas del feroz "mostro" de la Laguna de adonde venía aquel mirador con crepúsculo y luna llena.


En el rancho de al lado una barra de veinteañeros sacó una guitarra y con un coro increíblemente afinado con el paisaje empezó a entonar una vieja canción de Eduardo Mateo.


Entonces Alberto se acordó de la gastada y efectiva frase que había enviado por mail esa mañana, para dar ánimo a un amigo que iniciaba un nuevo camino, luego de haberse quedado sin trabajo el 31 de diciembre:

No hay mal que por bien no venga. Las crisis siempre traen escondidas oportunidades.


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Canción para renacer, de Eduardo Mateo
https://www.youtube.com/watch?v=mJaj8okQUdI




Cuando el verde del musgo vuelva
a cubrir la pared en sombras
he de ir con el fresco tenue
que ya he esperado, que he de traerte

Cuando pisen mis pies descalzos
donde el sol se quedó caliente
he de andar con el paso nuevo
que se hace rumbo buscando el verso

Cuando bese de nuevo el viento
a los pastos que están creciendo
he de ir a cruzar los campos
y en pos del tiempo que se ha llevado
...,









y en pos del tiempo que se ha llevado

viernes, 17 de enero de 2014

Los medios de transporte valiceros.


Del carro tirado por caballos a la moto, los medios de locomoción han cambiado vertiginosamnte  en este pequeño rincón del mundo, también llegaron los accidentes de tránsito.

Valizas tiene unos 400 habitantes permanentes que están muy organizados. La luz llegó hace unos 15 años y hace unos 10 llegó la OSE con conexiones masivas de agua corriente a los hogares. En el 2005 llegó la DGI para fiscalizar a los comercios establecidos y en el 2012, por primera vez en su vida, muchos trabajadores empezaron a hacer aportes al BPS, con lo cual se van a poder jubilar. Para discutir todo, informar y recrear con buena música, el pueblo cuenta con una radio comunitaria, ´El Capiz FM´

Para entrar a Valizas en los años '80 tenías que ir a Castillos y tomarte el camión de Gastambide que te traía en la caja junto a mercaderías, materiales de construcción y todo lo que se necesitaba en el pueblo. En esa época muchos trabajaban como ´carroceros´, llevando turistas al Cabo Polonio por las dunas en carros tirados por 2 o 3 caballos. En los 90 llegaron los jeeps y se empezaron a multiplicar. El Francés innovó y empezó a meter viejos camiones 4x4 Dodge de la guerra. Al son de Jean Michel Jarré que sonaba sobre los camiones cada vez más grandes, Valizas y Polonio se hicieron conocidos en el mundo entero.

En la época de mayor furor del Francés, los camiones pasaban a toda hora y a toda velocidad por la playa, las dunas y por cualquier lado. Los vecinos estaban enloquecidos. Se armó una comisión y salió un piquete en la playa. Los turistas se acostaron en la playa y los camiones y la Intendencia tuvieron que empezar a ordenar la cosa.

Todavía hoy, es común que los valiceros de ley recorran caminando los 6 y 8 kilómetros hasta los cercanos Aguas Dulces y Cabo Polonio. De los 4 a los 74 todos caminan para pasear y disfrutar del paisaje.

Desde hace unos años se llenó de autos. Pero la gente tiene prioridad y todos torean al que se excede o viene medio nervioso en sus cuatro ruedas. Es común ver peatones ponerse adelante y putear a los autos que van rápido. Así nomás. Desde que la mitad de la calle principal es peatonal la mayoría de la gente prefiere dejar el auto en su casa y anda caminando.

Con el progreso y la mejoría económica, los lugareños empezaron a comprar motos. Con las motos empezaron a aparecer adolescentes manejando sin libreta, menores de edad o mayores haciéndose ver y oir con sus escapes libres. En el verano también aparecieron varios cuatriciclos, manejados por adolescentes casi niños. !Qué lindo juguetito que le compraron los papás! El año pasado en el balneario cercano de la Esmeralda un niño atropello a su hermanito menor en un cuatriciclo y lo mató.

A fin de año ya aconteció el primer accidente en la Barra de Valizas, donde una moto atropello a un ciclista que salía de trabajar. No fue provocado por turistas enchufados que andan siempre acelerados, sino por jóvenes lugareños. El muchacho que iba en la bicicleta estuvo varios días en el CTI con peligro de vida. Hoy está mejor y se está reponiendo muy bien.

Cada vez es más común ver pasar motos derrapando y haciendo ´willis´ en una rueda. En un pueblo que no tiene más de 10 cuadras de punta a punta, cada vez se ven menos bicicletas.  

El progreso trae mucho bienestar y facilita la vida a la gente, pero por otro lado también se la complica. El tema de autos y motos que usan cada vez más chicos nuestros hijos es un tema que tenemos que discutir con ellos y es responsabilidad nuestra. La cultura promueve el acceso a todo y todo ya y antes de tiempo. Con tanta adrenalina y aventuras, cuando nuestros hijos tengan 30 años van a estar aburridos del mundo. La vida es cada vez más larga, todo a su tiempo.

Para terminar y cambiar un poco la onda los invito a tomar algo en un bolichito que está alejado del pueblo, en la zona hacia Aguas Dulces conocida como Malvinas. Buena música, jugos, tragos y algún bocadito para comer, atendido con muy buena onda. No tenés forma de llegar si no es a la antigua: a pie o en bicicleta por la playa. El nombre del hermoso lugar está clavado en un tronco en la playa: ´Pará un poquito´.

De nada te sirve ir rápido, si no sabes adonde vas.

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En el boliche justo están pasando uno de los temas más lindos en homenaje a Valizas, realizado por uno de los ciudadanos ilustres del balneario: Daniel Viglietti, el tema es ´el vals de la duna´.




viernes, 10 de enero de 2014

La música de Valizas

En Valizas se formaron muchas bandas y de la arena salieron muchos temas musicales. Las dunas y el arroyo tienen un efecto imán para los músicos. Caen de todas partes con los más variados instrumentos. En cualquier momento sale una filarmónica a los pies de la duna grande.

En estos días se han visto por estos parajes cientos de guitarras, armónicas, saxofones, trompetas, trombones, violines, violas, flautas, cajones peruanos, dos bandoneones, un cuerno tibetano, pailas, un arpa, dos baterías completas y muchos tambores por la mañana, tarde y noche. Pasando lista, lo único que estaría faltando son timbales y alguna tuba, con su clásico petiso compadrito que la ejecuta erguido, haciendo alarde de sus pulmones y del tamaño de su instrumento.

El 6 de enero fue el punto alto de la cultura afro-uruguaya, cerca de 50 tambores nos deleitaron con una llamada de mucha fuerza, a la que no faltaron los estandartes naturales de "la Valicera": la bandera azul y blanca, la media luna y las estrellas colgadas del cielo en la oscuridad de la calle principal.

Lo que no se había visto nunca es un contrabajo acústico. Y este año cayó uno. Viene gente de lejos para conocerlo. Acompañado con 2 guitarras y un violín, el cuarteto "Mutantes del Paraná" nos deleita con sus versiones de música del mundo en la playa, los boliches y la feria de artesanos. Hacen 4 o cinco toques por día, todos a la gorra.

Sus integrantes son de Zarate, Buenos Aires y Mar del Plata. Se la jugaron, vinieron en una camioneta dos de ellos con todos los instrumentos, los otros dos llegaron en Rutas del Sol. El riesgo que corrieron es grande, para ellos el Uruguay está muy caro, cuando pasaron por el primer peaje y pagaron no podían creer lo que costaba. Dudaron.

Llegaron por comentarios de la banda "Onda Vaga" que luego de que hace unos años pasaron por las rocas de Cabo Polonio y Valizas se hicieron conocidos y ahora les va muy bien. 

Los Mutantes alquilaron un rancho todo el mes y desde acá se van a probar suerte en los balnearios vecinos. No todo son rosas, en La Paloma y La Pedrera no les fue bien, no van más, -no hay receptividad para la música callejera-, dijeron dolidos. En Valizas están chochos, piensan empatar económicamente y a fin de mes irse para el otro lado del charco con los bolsillos vacíos como vinieron, pero llenos de aplausos y con sueños nuevos para la banda. Como todo músico, quieren pasar a dedicarse por completo a la música y vinieron a Uruguay persiguiendo ese sueño. El contrabajista ya se la jugó y a la vuelta lo va a hacer. De los otros tres una es actriz, otro psicólogo y el otro si vive de la música, intercalando con los toques, las clases de piano y guitarra.

En general este tipo de grandes bandas vienen de Argentina, todos los años se ven algunas de 8 o 10 tipos cargados de instrumentos costosos tocando todas las noches a la gorra. Es cierto que en general los vecinos del plata tienen más recursos que nosotros, pero son artistas populares, no creo que les sobre demasiado. Como todos los extranjeros que andan ultimamente por acá, hablan muy bien del Uruguay. Yo les agradecí por su música y sobre todo los felicité por haber arriesgado a venirse con el contrabajo, especie rara en la zona. Apostaron para venir y mostrar lo que les gusta hacer.

Los vecinos son mucho más arriesgados que nosotros los conservadores orientales. Somos un país con muy poca tolerancia al riesgo, pruebas de ello las veo todos los días: hay un llamado laboral para un informático (profesión en la que no hay desocupación) en una empresa privada y si caen 10 es mucho; un llamado para el mismo puesto en el estado tiene una cola de cientos de personas. En el imaginario colectivo el trabajo para toda la vida sigue siendo muy fuerte, sin riesgos.

En otras cosas no, pero en esto de innovar, emprender y arriesgar tenemos mucho que seguir aprendiendo de los de la banda occidental del Uruguay.

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Pueden escuchar un tema aqui: http://vimeo.com/73037466


Se puede bajar la música de los Mutantes del Paraná en: http://losmutantesdelparana.bandcamp.com/


viernes, 1 de febrero de 2013

El agua es redonda

Desde la playa


Vivir en un balneario. Volver de trabajar e ir caminando a darse un baño y sentir la tibieza en la piel del sol entrando en el mar.

El agua es redonda


Hace unos años me mudé a un balneario. El segundo balneario del Uruguay. Cerca del trabajo y de la playa. Equidistante. 
  
Esta semana, con 37 grados a las 20 horas llegué de la oficina y me fui a dar un baño al mar. Disfruté del agua verde, transparente y la arena bastante limpia. Entré al agua lentamente, encandilado por el sol de frente. Los primeros metros se sentía el chapoteo de los niños, el murmullo de la gente saltando y salpicándose. El sonido se fue apagando lentamente, igual que el sol.

Los barcos a contraluz recortaban el horizonte. La ciudad no existía. Que sensación extraña la de caminar y caminar haciendo pie. Cuando no toqué más el fondo seguí nadando de pecho hacia el horizonte, parecía que iba a llegar a tocarlo con las manos.

Luego de unos minutos empecé el retorno, de espaldas, siempre saludando al sol. Cuando salí del agua, el entró y nos despedimos.


De vuelta a casa, en la vereda del Parque Hotel compré una torta frita con dulcelé a 20 pé

Al otro día comenté con varios amigos mi linda tardecita de playa y me dijeron: 
- “¿Playa?, playas son las de Rocha”. 
Pobres, se lo pierden.

-Mirá: los barcos pasan por el canal. Como a dos leguas de aquí... Ahora mismo estará pasando alguno.
Rataplán trato de pararse en puntas de pie y miró en la dirección que señalaba Rodríguez.
- Yo no veo nada, dijo.
-No los ves porque la tierra es redonda
Se disponía a seguir cuando Rataplán, con sorna, preguntó nuevamente:
-¿Y el agua es redonda también?

(fragmento de El viaje al Mar de Juan José Morosoli)

viernes, 25 de enero de 2013

Fotoclub

Las olas van y vienen. Uno espera en la orilla, manso, tranquilo y siempre el océano trae alguna historia apasionante.

El fin de semana pasado, entre la espuma apareció un viejo conocido del fotoclub. Me cuenta sobre la nueva revista de fotografía que han editado. La compré, me encantó y me hizo recordar cuando aprendí a mirar.

 El que tiene salú e rico

Cuando empecé la bajada de facultad y veía que la meta se acercaba y que en breve terminaríamos con la “obligación” de acabar con los estudios, empezamos a buscar nuevos mundos para explorar. Es esos tiempos iba mucho a la casa de mi amigo Alejandro, cuyo padre me inició en el vicio de mirar encuadrando. Benjamín “Bocha” Castelli estaba en lo más alto de su carrera. A la salida de la dictadura sacó algunas fotos que son un hito en lo que fueron las manifestaciones populares y la  campaña electoral del año ‘84. Recuerdo una foto muy publicada que era de un obrero armando un estrado de fin de campaña, colgando el cartel entre los andamios se advertía la palabra Pueblo. Una parte de lo que todos conocíamos de memoria y habíamos anelado por años: Es la hora del Pueblo.

El Bocha me habló del Fotoclub y allá fuí. Asistí semanalmente por dos años. Encuadre, color, composición, laboratorio de revelado blanco y negro. Logré sacar dos fotos que me gustaron, una por año. Nunca quedé satisfecho con mi trabajo y al poco tiempo abandoné.

Con el tiempo, valoré la experiencia y estoy eternamente agradecido de haber aprendido algo mucho más importante que sacar fotos, aprendí a mirar. Mirar para arriba en las calles para ver las cornisas, las cúpulas, las ventanas, las puertas, las luces, las sombras,  mirar la naturaleza jugando a sacar LA FOTO. Aprendí a entrecerrar los ojos, hacer un zoom y ver un detalle lejano, imaginarlo como quedaría en el recuadro de 10x15. Este aprendizaje me permitió gozar y disfrutar mucho más de la vida.

La espuma de mar me trajo a Alvaro Percovich y Suci Viera, vinculados desde años al Fotoclub Uruguayo. Junto a otros y con apoyo del Ministerio de Educación y Cultura, han editado una revista "Materia Sensible". Tiene muchas fotos, ensayos, críticas e información sobre exposiciones de acá y de Bs. As. Está disponible en la librería Barroco de Valizas (abierta todo el año), Centros MEC y comercios del ramo. El costo es de 150 pe y la edición impecable.

Uno de los trabajos que se presenta es "Hombre Interior" de Federico López y Leticia Fuentes sobre el interior profundo, ranchos muy pobres con gente que nos recuerda en frases cortas algunos valores fundamentales, valores que quienes tenemos muchos recursos materiales, a veces olvidamos. 

...yo digo que la salú, ¡guarda!, ¿eh?, ¿verdá?, e importante, aunque no tenga nada yo, soy un pelao, no tengo nada, pero no señor. la salú, teniendo salú usté tiene todo, el cristiano que no tiene nada y tiene salú e una riqueza, ¡¡¡sí!!!, ¡¡¡e rico!!!


(Foto: como no encontré la foto de la revista para bajar de internet puse una foto del Centro Municipal de Fotografía de la IMM de la exposición "Los 80 /Bandas y Bandos" de Marcelo Isarrualde)